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La cara no vista del coaching. Las dificultades del coach

la cara oculta de la lunaTodo lo que aquí escribo es fruto de mi experiencia y también de las conversaciones mantenidas con mi mentor a lo largo de estos últimos años, más o menos desde el 2010. Es una visión particular, pero una visión, y si puede llegar a servir para algo  lo muestro .

Durante años, y digo, años, he tratado de llevar  propuestas de coaching a las organizaciones gallegas. Posiblemente mi ambición era desmesurada, en cuanto a que no medí las posibilidades reales que ofrecían las circunstancias que se daban en  las empresas locales. No llamé a todas las puertas. pero sí llamé a un número significativo de ellas, y los  resultaron fueron escasamente fructíferos. Las causas pueden ser diversas, tanto relativas al desconocimiento que reinaba sobre coaching y sus aplicaciones a la empresa; la confusión reinante entre coaching y programas de motivación, como otras que tienen que ver más con la intangibilidad de las propuestas y las dudas que surgían sobre las ventajas reales que aportaban. También hay una cuestión clave que tiene que ver con mi rol de  consultor-coach. El empresario o directivo busca  confianza en el consultor y por tanto necesita ver en  él consistencia. Si advierte en algún momento que el consultor no es consistente, desistirá de su interés.

Sobre el desconocimiento en torno al coaching y sus utilidades, una personas me decía recientemente que le había preguntado a un coach, de los que  prodigaban  en casi todos los saraos que había sobre coaching en España, qué supone  recibir coaching, y que después de escucharle un rato, no le quedó suficientemente claro ni el significado y ni su alcance. Así que la materia en sí encierra bastante complejidad, porque eso de que te hagan  preguntas para que uno mismo se de las respuestas parece que complicar mucho las cosas, ya que sí uno ya sabe las respuestas, entonces porqué necesita a alguien para hacer las preguntas? por ejemplo.

Otro factor que  dificultaba la intervención en empresas era  la idea errónea de identificar el coaching con programas de motivación para  los colaboradores. Desde luego que una consecuencia del coaching es que, cuando se trata de equipos, el nivel de implicación y responsabilidad de los participantes aumenta claramente, pero eso no quiere decir que el coaching se practique con ese fin, sino más bien para identificar problemáticas o instalar recursos de interrelación que ayudan  a las personas a  tratar de forma más efectiva los escollos internos de la empresa   ¿quieres motivar a tu gente? le pregunto yo al empresario. Pues dales la ocasión de que planteen sus problemas, escúchalos y  trata con ellos esas dificultades. Ese “tratar” implica observar las circunstancias y situaciones de la forma más objetiva posible con todos los que intervienen en la conversación. (confrontar, reconocer, aceptar..), y eso no es fácil…porque lo habitual es que las observaciones, de entrada, estén contaminadas con prejuicios o suposiciones  sobre cómo son las cosas, las personas y las situaciones que se han creado. Todos tenemos nuestra pequeña tara y de ahí que en la interacción interpersonal y grupal se den muchos malentendidos, posturas defensivas y posturas agresivas. Así que ante este camino  que de entrada resulta  un tanto tortuoso, la opción del empresario es la de mantener las cosas como están…virgencita, virgencita  que me dejen como estoy!!

Al hilo de esto, y en relación a los casos en los que el directivo ha detectado un problema y quiere poner soluciones, es frecuente encontrarnos con el empresarios o directivo que busca una ayuda pero al tiempo rechaza la ayuda… pues  el directivo ya se ha hecho  sus  preguntas y ha encontrado  respuestas, y solo quiere a alguien que le escuche su tesis, pero no está dispuesto a averiguar nada que se aparte de esa concepción de las cosas. Para que haya coaching es preciso que haya una petición de ayuda y una apertura al otro para recibir…sino, habrá, a lo sumo,  una conversación interesante, pero nada más.  El prospecto viene al consultor con las soluciones a los problemas, o lo que es lo mismo, no se decide a salir del círculo y  opta por seguir girando y girando; cerrando así la posibilidad de poner en marcha un proceso creativo que le permita llegar a un punto diferente al que se encuentra.

Otro factor que ha supuesto una dificultad a la hora de realizar trabajos para empresas tiene que ver con las actitudes que mostraba en el rol de coach. El cliente de coaching realmente es un cliente que busca soluciones a sus problemas y conoce la dificultad que entrañan, de ahí que sea una personas con bastante sofisticación. El consultor  para estar a la altura de las expectativas, tiene que estar desafectado en relación a los  resultados que quiere alcanzar, abandonar todo interés en conseguir algo en concreto tanto para él mismo, como para la empresa, pues de lo contrario “se le ve el plumero” y el directivo abandona su idea de poner en marcha el proceso.

Estos son algunos puntos que he observado. Seguro que hay más, pero lo dejaré para otra ocasión.

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